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Volver a María

C
26 may
1 min de lectura

María no es un añadido más en la historia de Cristo. María es el núcleo vívido y cándido de su mensaje. Allí donde ella falta, mengua nuestro calor humano y espiritual. No puede entenderse el mensaje de Dios sin contemplar la sencillez y la ternura de su madre. Las grandes divisiones en el Cristianismo, y dentro de nosotros, tienen mucho que ver con la ausencia o la pérdida de nuestra relación con María.

María es la madre a cuyos brazos te lanzas cuando el miedo te rodea. En su regazo recuperas la seguridad perdida. Bajo su manto, el cariño por nuestro Padre Dios vuelve a cobrar sentido y a encenderse.

El hombre, aunque que crezca, no deja de necesitar que lo acunen y consuelen. Nos sentiremos desamparados, niños desorientados toda nuestra vida. Pero, ¿de verdad pensáis que Dios nos lanzaría al mundo sin darnos una Madre que cuidará siempre de nosotros? Él nos ha dado a su Madre, la mayor concentración de ternura posible. Para experimentarla basta con creer como un niño que llora asustado en medio de una noche cerrada, buscando el abrazo y la mirada de su madre que lo calme.

 
 
 

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