top of page

Salmo

  • Dp
  • 25 ene
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 26 ene

Señor, desde hace unos días vuelvo a sentir el aguijón del miedo. Miro a mi alrededor y solo veo fragilidad, pérdida, y el miedo al final de la escalera, a que se tuerza todo, a perder a seres queridos, a morir, a que se borren mis recuerdos como una frase seleccionada y suprimida en la pantalla, de un golpe. Miedo a que, después de todo, no haya más que miedo.

 

Me esperas, lo sé. Nada me falta. Pero como soy un cobarde y estoy a gusto lloriqueando en la oscuridad te acercas a mí, me das la mano y tiras de mi con suavidad.  Salimos juntos a la calle soleada, y noto en mi rostro las diminutas gotas que transporta la brisa del mar. Tu sonrisa me envuelve. Caminamos y recorremos un animado barrio. No sé dónde estoy. Me vas guiando y explicando todas las cosas que haces por mí. Yo te miro embobado, mecido por tu voz, descanso. ¿A quién temeré? Me invade el sueño.

 

Todo lo que me rodea, crece. No sé lo qué escribo, pero empiezo a entender: la niña, el anciano y la nube, cumbres, el cuerpo desnudo, el llanto a escondidas, la flor helada, la llama en tus ojos, una caricia y las olas furiosas, el temblor del pájaro, un bote vacío anclado en la arena, el espejo que se rompe al final del camino, murciélagos revoloteando por el claustro, el hijo que se pierde en el hospital, el adiós de un padre, anochece y amanece, el madero, contradicción, plegarias…

Todo, todo me lleva a Ti. ¿A quién temeré?

 
 
 

Comentarios


bottom of page