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La voz hialina (Gabrielle Bossis)

  • Dp
  • 4 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 feb

La reciente publicación en España de Él y yo (Rialp) de Gabrielle Bossis ha venido a

llenar un vacío descomunal. No sólo porque era un libro inencontrable (existe o

existía una edición no venal publicada en México, y otra edición no completa de

1985 de la editorial Balmes) sino porque supone, sobre todo, un milagroso

paréntesis en el frenetismo en el que han caído, también, las publicaciones de

literatura espiritual. Perdonad la exageración, pero es que uno está

cansado de tantos libros innecesarios. Creo con toda seriedad que cada cual

tiene una voz única (ante Dios y ante los demás) y su deber es descubrirla.

Pero no creo que ese descubrimiento le obligue a uno a darlo a conocer en forma de libro….

Él y yo es una obra muy difícil de clasificar. Desde un punto de vista formal

la podemos definir como un diario espiritual e íntimo (todo diario lo es) en

forma de diálogo. En realidad, su análisis se puede abordar de diferentes maneras,

pero la pregunta que me quiero hace aquí es una pregunta, perdón, un poco

tramposa: ¿Quién dialoga en este libro? ¿Se trata de un diálogo de la autora

consigo misma o es el diálogo de alguien que recibe unas inspiraciones divinas

y las va plasmando en su día a día? Creo que son preguntas mal planteadas,

nos sitúan ante un falso dilema. La misma autora recoge una duda parecida en

una entrada de 26 de agosto de 1940:

“Pero, aun cuando esas palabras salieran de tu naturaleza humana, ¿no soy Yo

quien ha creado esa naturaleza? ¿No debes referirlo todo a Mí?... A Mí, la raíz

de tu ser, ¡mi pobre hijita!”

Las dudas desaparecen si nos atenemos estrictamente a “esas palabras”, es

decir, a la escritura misma. La escritura de Gabrielle Bossis es una voz tan

delicada como arrolladora. Nos equivocaríamos de lleno si tratáramos de

encajarla en la tradición mística. No es una voz de unión con Dios que acaba en

el silencio. Su escritura dialogada es, por encima de todo, una oración

incesante que, lejos de enmudecer, deja ver o transparenta la realidad divina

con una viveza y humanidad extraordinarias. Desde este presupuesto la

pregunta sobre el quién pasa a un segundo plano, no debe preocuparnos.

Pongamos nuestra atención en la calidad de esta oración y obtendremos las

respuestas necesarias sin tener que buscarlas.

 
 
 

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