La espera que ilumina (a propósito de Train Dreams)
- Dh
- 30 dic 2025
- 1 Min. de lectura
El ser humano es un ser que vive en la 'espera', que aguarda siempre el devenir. Pero hay maneras y maneras de esperar.
Acabo de ver Train Dreams, y su protagonista (Joel Edgerton) vive en la espera que paraliza. Tras la muerte de toda su familia en un trágico accidente, decide sentarse en el porche de su cabaña a esperar que, mediante algún tipo de milagro, aquello que más quería le sea devuelto. Su espera no es esperanza, sino negación disfrazada de lo que ha vivido. No aguarda a lo que vendrá, sino a lo que ya no es. Y en eso reside su ruina: en la incapacidad de trascender el dolor hacia algo mayor.
Pero aún es peor la espera indiferente, donde viven instalados quienes han renunciado, no tanto a un sueño, sino a la búsqueda misma, sin valor para mirar hacia delante y tratar de descubrir la verdad de la vida. Es la espera del conformismo, del "ya está bien así". Uno espera no esperar nada.
La verdadera espera es la espera activa. No es pasividad revestida de fe, sino movimiento constante hacia lo que nos trasciende. Quien espera de verdad sabe esto: que detrás de todo, nos espera la caricia del padre y la eterna promesa. Y esa certeza no paraliza; ilumina. Quien espera ama, y quien ama tiene un destino.


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