IA: aún no es tarde
- Dp
- 17 feb
- 2 Min. de lectura
No hace mucho mi hijo, que estudia periodismo, me explicaba con algunos ejemplos la omnipresencia de la IA en el día a día del universitario. Me habló del caso frecuente de alumnos con escasas lecturas, y con pocas ganas de remediarlo, que producen trabajos notables de forma regular. Nadie lo reconoce abiertamente, pero se sabe, como un secreto a voces. La situación se agrava cuando otros estudiantes, no necesariamente perezosos, se ven en situación de desventaja y terminan sucumbiendo a los encantos de una IA que, en silencio, va extendiendo sus tentáculos por los diferentes canales de la vida universitaria. A todo esto tampoco ayuda un sistema basado en la generación obsesiva y sin fin de papers o artículos académicos, que prima la cantidad y la estandarización del conocimiento en detrimento de la calidad y el rigor creativo. Son, en realidad, vasos comunicantes. Quizá no lo fueron en un inicio, pero ahora sin duda lo son. Y se retroalimentan.
Es una imagen poco tranquilizadora la de un estudiante que separa el plano existencial y el intelectual, cuando deberían ser indistinguibles. Y es inquietante por su proyección, más allá de la etapa universitaria. La cadena de consecuencias es larga, y merecería otro post.
Quien produce textos sin apenas leer ni escribir no entiende que “los libros sirven para recordarnos lo tontos e imbéciles que somos” (Fahrenheit 451). No sólo en el sentido de que nos ayudan a reconocer y en alguna medida a evitar los errores que cometemos. También te dan el empujoncito para que bajes del pedestal que tú mismo te has montado. Lo más probable es que aquello que piensas, lo han pensado otros antes que tú, y mucho mejor. Aprendes humildad leyendo, dialogas, y te liberas de la maldita carga de creerte único. Creces y maduras. Y lo mismo podría decirse de la escritura, de las dificultades para llevar a cabo la tarea de hacer comprensible para otros lo que te pasa, o lo que simplemente ves o estudias y merece ser contado, compartido. Frustración y magia, a partes iguales, eso es la escritura.
Por suerte no todo está perdido. Va creciendo el número de profesores que dedican sus clases al sencillo aprendizaje de la lectura atenta y al de enfrentarse a un folio en blanco. ¡No desfallezcáis!



Muy buena reflexión
"Es una imagen poco tranquilizadora la de un estudiante que separa el plano existencial y el intelectual, cuando deberían ser indistinguibles." Esta será mi cita de la semana.