Estar
- Dh
- 23 feb
- 1 Min. de lectura
Clase por la mañana, y ya estoy pensando en el entreno de después. Entreno pensando en los trabajos que tengo que hacer por la tarde. Cuando llega el momento de hacerlos: dispersión máxima. Y al final uno acaba haciendo la tercera parte de lo que le hubiera gustado hacer.Y así se van encadenando los días, hasta que de repente tomo conciencia:¿dónde estoy? Porque ese es precisamente el problema: no estoy.
Por suerte, el teatro de los viernes me da cuatro horas de respiro. Porque el teatro, sin presencia completa, no es teatro. Y a ver, tampoco hace falta machacarse tanto. Es imposible estar al cien por cien en el presente. Por naturaleza somos seres que recuerdan y anticipan. Proyectamos todo el tiempo, qué le vamos a hacer. Pero sí podemos ensayar algunos gestos. En un mundo que juega a distraernos de aquí para allá sin descanso —!maldito móvil!— intento poner toda mi atención en cosas tan pequeñas como pelar patatas, poner la mesa o ver una película.
Y ya os digo que se nota. Uno está más tranquilo, más feliz, incluso más dueño de su tiempo. Cuando conseguimos estar aquí, de verdad, en el presente, pasa algo curioso: nos serenamos. Y, por un momento, dejamos de exigirnos tanto.



Comentarios