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De despedidas y nuevas etapas (hasta luego C.)

Dh
hace 6 horas
2 min de lectura

Mi hermano mayor, C., se ha marchado por primera vez a vivir fuera de casa para estudiar un máster de Educación en Pamplona. En él y en nosotros se han mezclado sentimientos ambivalentes: alegría por una nueva experiencia que, sin duda, le iba a enriquecer, y tristeza por su ausencia, por el hueco que dejaba en casa. Algo así no había ocurrido todavía en mi familia.

Este acontecimiento —empiezo a darme cuenta poco a poco— es el primero de muchos cambios importantes que se sucederán en mi vida durante los próximos años. Me recuerda inevitablemente que una etapa está a punto de acabar para dar paso a otras nuevas, con un vértigo y un entusiasmo parecidos. Cuando en casa surgen, cada vez más, conversaciones del tipo «¿Te acuerdas de…?», uno recibe el recordatorio de que se hace mayor, aunque a veces uno prefiera no admitirlo.

Y siempre me acordaré de la última frase —patéticamente reconfortante— que le dije a mi hermano antes de que se marchara, al percibir su inquietud apenas contenida: «Todo va a ir de puta madre». Solo me faltó añadir «Hakuna Matata».

Lo gracioso del asunto es que llevaba un rato pensando en las palabras que quería decirle justo antes de que se fuera. Quería encontrar algo que mezclara solemnidad y cariño, una frase a la altura de un momento que, aunque no fuera definitivo, sí se sentía importante. Algo que le transmitiera que estaba orgulloso de él, que su decisión tenía sentido y que, aunque en casa íbamos a notar su ausencia, queríamos que se fuera tranquilo.

Pero, cuando llegó el momento, no me salió nada de eso. Solo un taco, dicho casi deprisa, y él ya había cruzado la puerta. Supongo que las despedidas tienen algo de eso: uno imagina grandes palabras y, al final, se queda con frases torpes, gestos cotidianos o silencios que parecen insuficientes. Quizá porque ninguna frase logra resumir del todo lo que se quiere a alguien.

Pensándolo bien, no tenía que decirle nada más. Él ya sabía lo importante: que le queremos, que confiamos en él y que, aunque ahora haya un hueco nuevo en casa, Pamplona no está tan lejos. Tal vez escribir estas líneas sea mi manera un poco tardía de completar aquella despedida y, de paso, de tenerlo durante un rato más cerca.

 

 

 

 
 
 

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