Paciencia, quiƩn nos viera
- C
- hace 3 dĆas
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Para disfrutar de la verdadera alegrĆa hay que aprender a tomarse a uno mismo con menos
gravedad. Permitir que la existencia marche con su flow. Parece una tonterĆa, pero cuesta
mucho dar el paso. Enseguida tendemos a colocarnos en un pedestal, a perdernos en
cƔbalas sobre hƩroes protagonizando grandes historias. Son pocos los que estƔn
dispuestos a mirarse con el sano realismo que acoge sin reservas todas las miserias. La
circunstancia vital al desnudo es una bebida demasiado fuerte para algunos espĆritus
sensibles. Este conflicto lo vivo en primera persona todos los dĆas, al final de la jornada
suelo acabar exhausto de sobredimensionar. Con todo, algo me dice que no soy el Ćŗnico.
Por un lado, basta una pequeƱa victoria para que se me hinche el pecho como a un palomo
y vea abrirse el monte olimpo ante mis ojos. Por otro, hace falta que estƩ la cosa a punto de
palmar para que reconozca que necesito ayuda y acepte que voy mƔs nƔufrago que
Robinson Crusoe. Quien me viera pensarĆa que me esfuerzo para que no me pille la
felicidad. De esto surge una pregunta que se presenta con la legitimidad de un cachete bien
dado: ¿Qué gano siendo tan borrico? No hace falta decir que la respuesta es tan clara como
absurda.
Aunque no lo parezca, es asĆ: para vivir con alegrĆa hay que aprender a soltar, a dejar ir. Aferrarse a las cosas no sirve de nada, lo mejor es dejarlas pasar. Obstinarse en dar con la tecla
definitiva es como ser un neurótico buscando unas gafas que ya se lleva puestas. Suena
bien y es verdadero: alegrĆa y a otra cosa mariposa.