Discernir los anhelos
- C
- 4 may
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Todas las acciones pasan. No hay hecho, decisión o actuación personal que no acabe perdiéndose en la marea del tiempo. El pensamiento que asocia el fin del hombre con el resultado causado por sus acciones sienta las bases de una peligrosa relación: la de situar la dignidad humana a la altura de la contingencia. En esa inercia social navegamos hoy. El ambiente nos induce a pensar que nuestra meta como personas se juega en el plano de lo eventual. Se intenta vincular la plenitud con la concreta satisfacción individual, con un estado o cadena infinita de hechos. Pero eso es algo inarticulable y que genera mucha frustración.
¿No sentimos entonces un punzante aguijón que parece recordarnos que estamos rebajando una parte de nuestro ser cuya grandeza no acabamos de comprender? Lo que más duele al hombre es reconocer que ha perdido su corazón, que ha depositado su amor en un objeto cuyo valor no estaba a la par, al mismo nivel. Necesitamos sustraernos de esa dinámica que nos arrastra, y volver a preguntarnos: ¿qué es lo que de verdad desea mi corazón? Correr de un lado a otro pegándose a las cosas no nos dará la respuesta, hace falta volver a preguntarse con valentía por ese anhelo que permanece y que, al mismo tiempo, mueve todas nuestras determinaciones.


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